10 de agosto de 2026

Consejos para reducir el riesgo de cistitis en verano

Notas de prensa
  • Los expertos destacan claves como planificar los trayectos largos, cambiarse de ropa tras actividades acuáticas o prestar atención a los productos íntimos

La cistitis es una inflamación de la vejiga que, con frecuencia, está causada por una infección urinaria. En este sentido, hábitos del verano como el aumento de la sudoración, la menor ingesta de agua, los viajes largos o permanecer con el bañador húmedo durante horas favorecen su aparición.

Aunque suele asociarse a un problema leve, la cistitis no debe normalizarse cuando los síntomas son intensos o se repiten con frecuencia. El escozor al orinar, la sensación de urgencia, el incremento de visitas al baño, el dolor bajo abdominal o la orina turbia pueden indicar una infección. Si se añade fiebre, dolor en la zona lumbar, sangre en la orina o malestar general, es conveniente consultar con un especialista, ya sea de manera presencial o a través de videoconsulta, para descartar una afectación más importante.

“En vacaciones hay pacientes que esperan demasiado porque piensan que el escozor es debido al calor, al cloro o a haber estado en la playa. Sin embargo, cuando aparece dolor al orinar o necesidad constante de ir al baño, el cuerpo está dando una señal clara. Detectarlo a tiempo evita que la infección avance y permite tratarla con criterio, sin recurrir a la automedicación ni a soluciones improvisadas”, detalla Pietro Moscatiello, urólogo del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela.

Por otro lado, el impacto emocional también debe tenerse en cuenta. La cistitis afecta a una zona íntima y muchas personas sienten vergüenza al hablar de ello. Ese pudor puede retrasar el diagnóstico y hacer que el problema se viva en silencio, incluso cuando interfiere en viajes, descanso o vida social.

“Hay síntomas que no se verbalizan porque parecen demasiado íntimos, y ese silencio pesa más de lo que parece. En este punto, la persona empieza a decir que no a planes, a buscar baños en cuanto llega a un sitio o a sentirse incómoda al explicar lo que le pasa. Por eso ser capaces de nombrar el problema sin vergüenza es parte del cuidado, porque se deja de vivir una infección frecuente como si fuera un fallo personal”, señala Virginia del Palacio, psicóloga de Blua de Sanitas.

Además, cuando las infecciones se repiten, es frecuente que aparezcan sentimientos de frustración, preocupación o sensación de pérdida de control ante un problema que parece no resolverse. En estos casos, además del seguimiento médico, puede ser útil buscar apoyo psicológico para aprender a gestionar el impacto emocional y evitar que la cistitis recurrente termine condicionando la calidad de vida

Ante esta situación, los especialistas de Sanitas han preparado un listado con una serie de consejos para disminuir el riesgo de cistitis durante el verano:

Planificar los trayectos largos. En viajes por carretera, excursiones o jornadas de playa, conviene prever paradas y eludir pasar muchas horas sin orinar. La vejiga no hay que vaciarla “por si acaso” cada pocos minutos, pero tampoco conviene aguantar de forma prolongada cuando aparece la necesidad.

Cambiarse de ropa tras actividades acuáticas. Es recomendable retirar el bañador húmedo cuando ya no se vaya a volver al agua, puesto que la humedad mantenida y la ropa ajustada contribuyen a la irritación local.

Prestar atención a los productos íntimos. La mayoría de geles, desodorantes, toallitas o baños de espuma contienen perfumes capaces de irritar la zona genital y alterar su equilibrio. Por ello, la higiene diaria debe ser suave y sin exceso de productos.

Miccionar después de las relaciones sexuales. Orinar tras mantener relaciones ayuda a arrastrar bacterias que hayan podido aproximarse a la uretra.

Gestionar el estrés. El estrés mantenido puede debilitar las defensas naturales de las mucosas y alterar el equilibrio de la microbiota, favoreciendo un entorno más propicio para las infecciones urinarias. Por ello, conviene prestar atención a periodos de sobrecarga emocional y reservar tiempo para el descanso, la actividad física o técnicas de relajación que ayuden a reducir la tensión acumulada.

«Hay que tener en cuenta que, aunque una infección ocasional puede ser normal (<3 año), presentar infecciones repetidas tiene que despertar una alarma sobre otras condiciones favorecedoras de las infecciones. El síndrome de vejiga hiperactiva es un síndrome caracterizado por la urgencia urinaria que puede esconder enfermedades más graves como el cáncer vesical, la litiasis urinaria, el prolapso pélvico, etc…», añade el doctor.

En último lugar, Pietro Moscatiello advierte sobre la importancia de una prevención específica durante la menopausia: “en esta etapa prevenir no significa resignarse a que las molestias urinarias vuelvan cada verano. Los cambios hormonales hacen que la mucosa urogenital esté más seca, más frágil y menos protegida frente a irritaciones o infecciones. En este punto, si una mujer ya ha tenido episodios de cistitis, es primordial anticiparse para detectar factores que acrecientan el riesgo y pautar medidas preventivas adaptadas a su caso”.

7 de agosto de 2026

Cómo evitar que la incontinencia urinaria limite la vida social en vacaciones

Notas de prensa
  • Planificar los trayectos antes de salir y revisar bebidas y alimentos irritantes, entre las claves para afrontar el ocio con más seguridad

El verano trae consigo cambios de rutina, más desplazamientos, planes al aire libre y estancias fuera del domicilio habitual. Para aquellos que conviven con incontinencia urinaria, el miedo a sufrir pérdidas puede hacer que limiten sus planes, eviten viajes o reduzcan su vida social.

En este sentido, la incontinencia todavía está muy condicionada por el pudor. Muchas personas mayores retrasan la consulta porque lo viven como algo irremediable o porque intentan adaptarse con medidas poco adecuadas, como reducir la ingesta de líquidos o evitar actividades fuera del domicilio. Estas estrategias pueden empeorar la calidad de vida y no deben plantearse como medidas de control; es preferible mantener una hidratación adecuada y consultar para valorar medidas individualizadas.

“La incontinencia puede estar relacionada con debilidad del suelo pélvico, cambios hormonales, cirugías previas, enfermedades neurológicas, infecciones urinarias o determinados tratamientos farmacológicos. Por ello, conviene prestar atención a cualquier cambio brusco, molestias al orinar, sangre en la orina, fiebre o escapes que aparecen de forma repentina”, subraya Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores.

Además, durante los meses de calor, las personas con incontinencia tienden a disminuir la ingesta de líquidos para intentar espaciar las visitas al baño. “Beber menos para ‘aguantar más’ suele ser una trampa. La vejiga no funciona mejor cuando el cuerpo está deshidratado; al contrario, una orina más concentrada puede irritar la vejiga, favorecer la urgencia urinaria y aumentar molestias como el escozor, especialmente si existe infección o irritación. Lo útil es ordenar la hidratación, observar en qué momentos aparecen los escapes y, cuando el síntoma condiciona la rutina, tratar el tema con un especialista, ya sea de manera presencial o a través de videoconsulta”, señala Pietro Moscatiello, urólogo del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela.

Bajo esta perspectiva, los especialistas de Sanitas recomiendan una serie de medidas para evitar que la incontinencia limite los planes de verano:

Planificar los trayectos antes de salir. En viajes largos conviene revisar paradas, localizar baños accesibles y no apurar demasiado los tiempos. Asimismo, elegir asientos próximos al pasillo o hacer descansos programados es útil para eludir la ansiedad durante el desplazamiento.

Revisar bebidas y alimentos irritantes. Algunas personas notan más urgencia tras tomar café, alcohol, bebidas carbonatadas o comidas muy especiadas. Por ello, es esencial identificar qué productos empeoran los síntomas para ajustar la rutina sin imponer restricciones innecesarias.

Llevar un kit discreto de recambio. Preparar absorbentes adecuados, ropa interior, una bolsa para desechar productos usados y material de higiene facilita salir de casa con más tranquilidad. Por otro lado, ante las altas temperaturas conviene elegir prendas transpirables y no permanecer mucho tiempo con ropa húmeda.

Mantener una hidratación adecuada. Beber agua de forma repartida a lo largo del día ayuda a evitar la concentración excesiva de la orina. En este punto, es sugerible moderar la cantidad justo antes de un trayecto concreto, pero no restringir líquidos durante toda la jornada.

Cuidar la piel. La zona genital debe mantenerse limpia y seca, sobre todo cuando se usan absorbentes durante varias horas. De esta manera, es más probable que no aparezca enrojecimiento o escozor.

Por último, cabe mencionar que el impacto emocional también debe tenerse en cuenta. Tal y como señala Carla Álvarez Llaneza, psicóloga de Blua de Sanitas, “muchas veces el problema no es solo el escape, sino la vida que la persona deja de hacer para intentar evitarlo. Empieza a calcularlo todo: dónde sentarse, cuánto beber, cuándo levantarse o qué excusa poner si necesita irse. Este estado de alerta constante puede generar un importante desgaste emocional, por lo que resulta útil desarrollar estrategias que ayuden a recuperar la sensación de control y a reducir el impacto que los síntomas tienen en el día a día”.

6 de agosto de 2026

Cómo elegir la crema solar según cada tipo de piel

Notas de prensa
  • La textura, el tipo de filtro y la tolerancia cutánea influyen en que el protector solar se use de forma correcta
  • En personas mayores, la piel más fina y seca exige una fotoprotección fácil de aplicar y adaptada a posibles tratamientos fotosensibilizantes

Durante el verano, la piel está más expuesta a la radiación solar por el aumento de actividades al aire libre, los viajes y los cambios de rutina. En este contexto, la crema solar se convierte en una herramienta básica de prevención, pero su elección no debería limitarse al factor de protección que aparece en el envase. Para que resulte eficaz, conviene tener en cuenta el tipo de piel, la edad, la presencia de manchas o acné y el uso de determinados medicamentos, ya que todos estos factores modifican la tolerancia al sol y la respuesta cutánea.

La radiación ultravioleta daña la piel incluso cuando no aparece una quemadura visible. La UVB se asocia principalmente al enrojecimiento y a la quemadura solar, mientras que la UVA penetra con mayor profundidad y contribuye al envejecimiento cutáneo, las manchas y el daño acumulativo. Por eso, conviene elegir protectores que indiquen cobertura frente a ambos tipos de radiación y adaptar el producto al contexto de exposición.

“Elegir una crema solar no debería reducirse a escoger el FPS más alto. Ese factor es importante, pero también lo es que el producto se tolere bien, se extienda de forma correcta y se reaplique cuando corresponde. Un fotoprotector que resulta incómodo acaba usándose en menor cantidad o con menos frecuencia, y eso reduce la protección real”, explica Cristina Villegas, jefa de servicio de Dermatología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.

La piel no siempre responde igual ante una misma exposición solar. Cuando existe sequedad, inflamación previa, acné o sensibilidad cutánea, la exposición solar puede agravar molestias preexistentes o favorecer una reacción cutánea más intensa de lo esperado.

En personas mayores conviene simplificar la rutina sin perder eficacia. Una textura fácil de extender, un envase manejable y una pauta clara ayudan mucho más que una recomendación compleja. La protección solar debe integrarse en la salida diaria, no reservarse solo para la playa o la piscina”, señala Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores.

Los expertos de Sanitas recomiendan revisar algunas claves antes de elegir y utilizar un fotoprotector:

  • Elegir un protector de amplio espectro: el envase debe indicar protección frente a radiación UVA y UVB. En verano o cuando la exposición va a ser prolongada, conviene optar por factores altos, sobre todo en pieles claras, con manchas, antecedentes de quemaduras o mayor sensibilidad al sol.
  • Escoger la textura según el tipo de piel: las pieles grasas o con tendencia acneica suelen tolerar mejores fórmulas fluidas, geles o acabados no comedogénicos. En pieles secas o maduras resultan más adecuadas las cremas o emulsiones con mayor capacidad hidratante, ya que facilitan una aplicación uniforme y reducen la sensación de tirantez.
  • Valorar fórmulas específicas si la piel es sensible: cuando existe rosácea, dermatitis atópica, irritación frecuente o intolerancia a algunos cosméticos, conviene priorizar productos sin perfume y de alta tolerancia. En estos casos, pueden considerarse fórmulas con filtros minerales, especialmente si se busca minimizar la irritación o si existe mala tolerancia a otros productos, siempre individualizando la elección según la respuesta de la piel.
  • Tener en cuenta las manchas y la luz visible: en pieles con melasma o hiperpigmentación, los protectores con color aportan una barrera adicional frente a parte de la luz visible, que también interviene en algunas alteraciones pigmentarias. Esta elección debe combinarse con una protección UVA/UVB alta y hábitos de exposición prudentes.
  • Revisar si se toman medicamentos o tratamientos dermatológicos: algunos medicamentos y tratamientos dermatológicos, incluidos ciertos retinoides, exfoliantes ácidos y fármacos fotosensibilizantes, pueden aumentar la sensibilidad cutánea a la radiación solar.

“La crema solar no compensa una exposición excesiva ni sustituye otras medidas de protección. Reducir el tiempo al sol en las horas de mayor radiación, utilizar prendas que cubran la piel y buscar sombra cuando la exposición se prolonga ayuda a disminuir el daño acumulado. También conviene revisar la piel después del verano, ya que una quemadura intensa, una mancha que cambia o una lesión que no desaparece pueden ser señales para consultar con un especialista”, señala, Cristina Villegas, jefa de servicio de Dermatología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.

5 de agosto de 2026

Miedo a enseñar el cuerpo: cómo afecta la presión estética a los jóvenes en verano

Notas de prensa
  • La comparación con cuerpos editados y la búsqueda rápida de cambios físicos pueden aumentar la inseguridad y favorecer conductas de evitación social

La llegada del verano intensifica la exposición del cuerpo en espacios como la playa, la piscina o los planes al aire libre. Esta situación puede resultar especialmente compleja para la población joven, que vive gran parte de su socialización en entornos donde la imagen tiene un peso constante y donde las redes sociales multiplican la comparación con cuerpos editados o seleccionados. Aunque este fenómeno no es exclusivo de jóvenes y adolescentes, en esta etapa puede tener un impacto especialmente significativo debido al momento de desarrollo en el que se encuentran.

En este contexto, enseñar el cuerpo puede dejar de ser un gesto cotidiano y convertirse en una fuente de tensión. La persona no solo piensa en cómo se ve, sino en cómo cree que será observada, fotografiada o comparada. Esa anticipación puede activar vergüenza, inseguridad y una necesidad de control que acaba condicionando la ropa que elige, los planes que acepta o incluso la decisión de acudir a determinados espacios.

“En muchos jóvenes, la presión no aparece únicamente por el cuerpo que tienen, sino por la distancia que perciben entre su imagen y el ideal que creen que deberían alcanzar. Las redes sociales muestran cuerpos muy seleccionados, con luz, postura, edición o incluso completamente fabricados, pero el cerebro los recibe como referencias reales, válidos y alcanzables, incluso cuando no lo son. Cuando esa comparación se repite, la autoestima puede quedar demasiado vinculada a cumplir un estándar físico”, explica Silvia Mérida Expósito, psicóloga de Blua de Sanitas.

Esta relación con la imagen corporal se vuelve más rígida cuando el valor personal depende de acercarse a una versión supuestamente perfecta del cuerpo. Trabajar el bienestar emocional implica ampliar la autoestima más allá de la apariencia física, reconocer las propias capacidades y construir una mirada menos punitiva hacia los cambios normales del cuerpo. La aceptación corporal no exige gustarse en todo momento, pero sí permite dejar de tratar el cuerpo como un motivo constante de evaluación.

El problema se agrava cuando la necesidad de modificar la apariencia se aborda desde dietas restrictivas o cambios bruscos de hábitos con el único objetivo de adelgazar modificar el peso o la apariencia antes del verano. Reducir de forma drástica la ingesta, eliminar grupos de alimentos sin criterio profesional o compensar cada comida con ejercicio puede generar una sensación inicial de control. Sin embargo, a medio plazo suele aumentar la ansiedad, la culpa al comer y la vigilancia constante sobre el cuerpo.

“Cuando la alimentación se organiza desde el castigo o desde la urgencia por cambiar el cuerpo, la mente empieza a funcionar en modo vigilancia. La persona calcula, se compara, se prohíbe y se culpa. Ese patrón no acerca necesariamente a la salud; muchas veces deteriora la relación con la comida y hace que el cuerpo se viva como un problema que hay que corregir todo el tiempo”, señala Silvia Mérida Expósito.

Además, evitar un plan puede aliviar de forma inmediata, pero ese alivio suele durar poco. A medio plazo, la evitación refuerza la idea de que exponerse era peligroso y hace que la siguiente situación resulte aún más difícil. Así, la playa, la piscina o un vestuario dejan de ser espacios cotidianos y pasan a asociarse con vergüenza o sensación de juicio.

Ante esta situación, los psicólogos de Blua de Sanitas han elaborado un listado con una serie de recomendaciones:

Revisar qué referentes se están consumiendo. Seguir cuentas centradas de forma constante en cuerpos, dietas o cambios físicos puede aumentar la comparación. Conviene incorporar contenidos que no reduzcan el valor personal a la apariencia.

Diferenciar salud de urgencia estética. Cuidar la alimentación, moverse y descansar son hábitos de salud. Utilizarlos como castigo para modificar el cuerpo en pocas semanas puede aumentar el malestar psicológico.

Reducir las comprobaciones corporales. Mirarse de forma repetida, probarse ropa muchas veces o buscar defectos antes de salir suele incrementar la inseguridad. Prepararse con una rutina sencilla ayuda a cortar ese ciclo.

Evitar conversaciones centradas en peso o talla. Comentarios sobre cuerpos propios o ajenos, aunque parezcan inofensivos, refuerzan la idea de que la apariencia está siempre bajo evaluación.

Recuperar el sentido del plan. Ir a la playa o a la piscina no debería girar solo en torno al cuerpo. Centrar la atención en la compañía, el descanso o la actividad ayuda a reducir la vigilancia sobre la imagen.

Pedir ayuda si la evitación aumenta. Cuando la vergüenza impide hacer planes, altera la alimentación o afecta al estado de ánimo, conviene consultar con un profesional, ya sea de manera presencial o a través de videoconsulta.

“Sentirse incómodo con alguna parte del cuerpo es frecuente, pero cuando esa preocupación empieza a decidir por la persona, hay que prestarle atención. El objetivo no es obligarse a gustarse todo el tiempo, sino recuperar libertad para participar en la vida sin que la imagen corporal marque cada elección. La autoestima no puede depender solo de si el cuerpo encaja o no con un ideal que, muchas veces, ni siquiera es realista”, concluye la psicóloga de Sanitas.

4 de agosto de 2026

Deportes inclusivos en el agua para disfrutar del verano sin barreras

Notas de prensa
  • La adaptación de reglas y espacios y el uso de apoyos permite que personas con y sin discapacidad compartan actividad física en piscinas y entornos acuáticos

Durante el verano, las piscinas, las playas y otros espacios acuáticos ganan protagonismo en la vida diaria. Más allá del ocio, estos entornos también favorecen la actividad física y pueden facilitar la participación conjunta de personas con y sin discapacidad. Cuando la práctica se adapta, el agua se convierte en un espacio accesible para moverse, relacionarse y disfrutar del deporte.

El medio acuático tiene características que facilitan el movimiento. La flotabilidad reduce la carga sobre las articulaciones y permite realizar diferentes acciones que, fuera del agua, pueden resultar más complejas. Además, la resistencia del agua ayuda a trabajar la fuerza y el control del cuerpo de forma progresiva.

“El agua genera un contexto especialmente favorable para la inclusión. Hay personas que encuentran en este entorno una forma de moverse con más seguridad y participar en grupo con independencia de si tienen o no una discapacidad”, señala Javier Pérez, director de la Cátedra Fundación Sanitas de Deporte Inclusivo.

La clave está en diseñar la práctica para que todas las personas puedan participar desde el inicio. Esto implica revisar la accesibilidad del espacio, adaptar las reglas de la actividad, contar con apoyos cuando sean necesarios y explicar los ejercicios de forma clara. En el deporte inclusivo, la adaptación no debe entenderse como una excepción, sino como parte de la organización natural de la actividad.

También resulta importante evitar una mirada excesivamente asistencial. Las personas con discapacidad necesitan entornos preparados, profesionales formados y margen para tomar decisiones durante la actividad. La sobreprotección puede limitar la autonomía y reducir la experiencia deportiva a una participación pasiva.

Desde el punto de vista físico, conviene adaptar la intensidad al nivel de entrenamiento y a la experiencia previa en el agua. En actividades con personas con discapacidad física, sensorial o intelectual se deben tener en cuenta aspectos como la seguridad del entorno y hacer las adaptaciones que sean necesarias para permitir la participación de todas las personas.

Los expertos de Sanitas recomiendan algunas pautas para facilitar la práctica de deportes inclusivos en el agua:

  • Natación inclusiva: permite ajustar la distancia, el ritmo y el tipo de apoyo según la autonomía de cada persona. Puede practicarse de forma individual o en grupo y resulta especialmente útil para trabajar la movilidad, la coordinación y la confianza en el agua.
  • Aquagym adaptado: los ejercicios dentro de la piscina reducen el impacto sobre las articulaciones y permiten graduar la intensidad con facilidad. Es una opción adecuada para grupos con diferentes niveles motrices, siempre que se indiquen los movimientos de forma clara y se respeten los tiempos de aprendizaje.
  • Waterpolo inclusivo: adaptar el espacio de juego, el tiempo o la forma de desplazamiento facilita que más personas puedan participar. Esta modalidad ayuda a trabajar la cooperación, la orientación dentro del agua y la toma de decisiones en equipo.
  • Juegos cooperativos en piscina: actividades con pelotas, relevos adaptados o circuitos sencillos permiten introducir el deporte inclusivo de forma lúdica. Son especialmente útiles en niños y jóvenes, ya que fomentan la relación entre iguales sin centrar la atención en la discapacidad de la persona.

“Estas actividades muestran que la inclusión en el agua no depende solo del tipo de deporte, sino de cómo se organiza la práctica. Bajo esta misma idea, Fundación Sanitas impulsa desde hace años el deporte inclusivo entre personas con y sin discapacidad, con proyectos que promueven su práctica en diferentes entornos, ya sea desde la escuela, la competición o la divulgación. El objetivo es que la inclusión forme parte natural de la actividad deportiva y no dependa únicamente de iniciativas puntuales”, concluye Yolanda Erburu, vicepresidenta de Fundación Sanitas.

3 de agosto de 2026

Cómo proteger los ojos durante el eclipse solar 

Notas de prensa
  • Los primeros síntomas de una lesión en la retina pueden aparecer días después e incluir visión borrosa, manchas centrales o distorsión de las imágenes 
  • Las gafas homologadas con la norma ISO 12312-2 deben mantenerse durante todo el tiempo que estemos mirando al eclipse. 

El próximo miércoles 12 de agosto tendrá lugar un eclipse solar que será total en una amplia franja que atraviesa España de oeste a este y parcial en el resto del territorio. El fenómeno, que se producirá a última hora de la tarde, previsiblemente despertará un gran interés y llevará a muchas personas a seguirlo desde el exterior. Para contemplarlo con seguridad, conviene preparar con antelación la protección ocular adecuada. 

La reducción de la luminosidad ambiental durante un eclipse puede generar una falsa sensación de seguridad. Sin embargo, mientras permanezca visible cualquier parte del disco solar, mirar directamente al Sol sin un filtro específico daña la retina, el tejido situado en el fondo del ojo que permite captar las imágenes. Esta alteración se conoce como retinopatía solar y afecta principalmente a la visión central. 

“Uno de los principales riesgos es que la lesión pasa inadvertida durante la exposición, ya que la retina no produce sensación de dolor. Los cambios visuales suelen percibirse más tarde e incluir visión borrosa o distorsionada y la aparición de manchas centrales. Ante cualquiera de estas señales, conviene solicitar una valoración oftalmológica cuanto antes”, explica el Dr Dorronzoro, jefe de servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja. 

Las gafas diseñadas para observar eclipses deben cumplir la norma internacional ISO 12312-2 y proceder de fabricantes o distribuidores de confianza. Sus filtros atenúan la luz solar hasta niveles seguros y reducen la radiación que puede dañar los ojos. Las gafas de sol habituales, aunque tengan cristales muy oscuros, no ofrecen una protección suficiente. 

En las localidades donde el eclipse sea parcial, las gafas deben mantenerse colocadas siempre que se dirija la mirada hacia el Sol. 

Ante este acontecimiento, los especialistas de Sanitas recomiendan adoptar las siguientes precauciones: 

Revisar las gafas antes de utilizarlas. El filtro no debe presentar arañazos ni roturas y tiene que permanecer correctamente adherido a la montura. Si está deteriorado o no puede confirmarse su procedencia, conviene desecharlo. 

Colocarlas antes de levantar la mirada. Primero se debe mirar hacia el suelo y ajustar correctamente las gafas. Después puede dirigirse la vista hacia el Sol. Para retirarlas, hay que volver a bajar la cabeza. Los menores deben utilizarlas siempre bajo la supervisión de una persona adulta. 

Descartar los filtros caseros. Las radiografías, los cristales ahumados, los discos compactos y otros materiales domésticos no permiten observar el eclipse con seguridad. Tampoco se deben superponer varias gafas de sol para intentar aumentar la protección. 

Extremar la precaución con los dispositivos ópticos. No se debe mirar al Sol a través de una cámara ni de equipos de aumento, como prismáticos o telescopios, mientras se llevan unas gafas de eclipse convencionales. Estos dispositivos concentran la radiación y requieren filtros solares específicos instalados delante del objetivo, siguiendo las indicaciones de un especialista. 

“Si después del eclipse aparece cualquier alteración visual, no conviene esperar a que desaparezca por sí sola. Una exploración oftalmológica permite valorar el estado de la retina y establecer el seguimiento más adecuado en cada caso, también a través de videoconsulta”, concluye Dorronzoro.