- La textura, el tipo de filtro y la tolerancia cutánea influyen en que el protector solar se use de forma correcta
- En personas mayores, la piel más fina y seca exige una fotoprotección fácil de aplicar y adaptada a posibles tratamientos fotosensibilizantes
Durante el verano, la piel está más expuesta a la radiación solar por el aumento de actividades al aire libre, los viajes y los cambios de rutina. En este contexto, la crema solar se convierte en una herramienta básica de prevención, pero su elección no debería limitarse al factor de protección que aparece en el envase. Para que resulte eficaz, conviene tener en cuenta el tipo de piel, la edad, la presencia de manchas o acné y el uso de determinados medicamentos, ya que todos estos factores modifican la tolerancia al sol y la respuesta cutánea.
La radiación ultravioleta daña la piel incluso cuando no aparece una quemadura visible. La UVB se asocia principalmente al enrojecimiento y a la quemadura solar, mientras que la UVA penetra con mayor profundidad y contribuye al envejecimiento cutáneo, las manchas y el daño acumulativo. Por eso, conviene elegir protectores que indiquen cobertura frente a ambos tipos de radiación y adaptar el producto al contexto de exposición.
“Elegir una crema solar no debería reducirse a escoger el FPS más alto. Ese factor es importante, pero también lo es que el producto se tolere bien, se extienda de forma correcta y se reaplique cuando corresponde. Un fotoprotector que resulta incómodo acaba usándose en menor cantidad o con menos frecuencia, y eso reduce la protección real”, explica Cristina Villegas, jefa de servicio de Dermatología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.
La piel no siempre responde igual ante una misma exposición solar. Cuando existe sequedad, inflamación previa, acné o sensibilidad cutánea, la exposición solar puede agravar molestias preexistentes o favorecer una reacción cutánea más intensa de lo esperado.
“En personas mayores conviene simplificar la rutina sin perder eficacia. Una textura fácil de extender, un envase manejable y una pauta clara ayudan mucho más que una recomendación compleja. La protección solar debe integrarse en la salida diaria, no reservarse solo para la playa o la piscina”, señala Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores.
Los expertos de Sanitas recomiendan revisar algunas claves antes de elegir y utilizar un fotoprotector:
- Elegir un protector de amplio espectro: el envase debe indicar protección frente a radiación UVA y UVB. En verano o cuando la exposición va a ser prolongada, conviene optar por factores altos, sobre todo en pieles claras, con manchas, antecedentes de quemaduras o mayor sensibilidad al sol.
- Escoger la textura según el tipo de piel: las pieles grasas o con tendencia acneica suelen tolerar mejores fórmulas fluidas, geles o acabados no comedogénicos. En pieles secas o maduras resultan más adecuadas las cremas o emulsiones con mayor capacidad hidratante, ya que facilitan una aplicación uniforme y reducen la sensación de tirantez.
- Valorar fórmulas específicas si la piel es sensible: cuando existe rosácea, dermatitis atópica, irritación frecuente o intolerancia a algunos cosméticos, conviene priorizar productos sin perfume y de alta tolerancia. En estos casos, pueden considerarse fórmulas con filtros minerales, especialmente si se busca minimizar la irritación o si existe mala tolerancia a otros productos, siempre individualizando la elección según la respuesta de la piel.
- Tener en cuenta las manchas y la luz visible: en pieles con melasma o hiperpigmentación, los protectores con color aportan una barrera adicional frente a parte de la luz visible, que también interviene en algunas alteraciones pigmentarias. Esta elección debe combinarse con una protección UVA/UVB alta y hábitos de exposición prudentes.
- Revisar si se toman medicamentos o tratamientos dermatológicos: algunos medicamentos y tratamientos dermatológicos, incluidos ciertos retinoides, exfoliantes ácidos y fármacos fotosensibilizantes, pueden aumentar la sensibilidad cutánea a la radiación solar.
“La crema solar no compensa una exposición excesiva ni sustituye otras medidas de protección. Reducir el tiempo al sol en las horas de mayor radiación, utilizar prendas que cubran la piel y buscar sombra cuando la exposición se prolonga ayuda a disminuir el daño acumulado. También conviene revisar la piel después del verano, ya que una quemadura intensa, una mancha que cambia o una lesión que no desaparece pueden ser señales para consultar con un especialista”, señala, Cristina Villegas, jefa de servicio de Dermatología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.