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14 de agosto de 2026

Claves para evitar la otitis externa en verano

Corporativo
  • La humedad en el conducto auditivo externo altera la barrera natural de la piel y favorece la aparición de infecciones
  • Los especialistas recomiendan secar el oído con suavidad, evitar la manipulación del canal auditivo y consultar antes de utilizar gotas

El oído suele pasar desapercibido en las rutinas de cuidado del verano, aunque queda especialmente expuesto en piscinas, agua de mar y baños prolongados. La humedad dentro del conducto auditivo externo tiende a alterar la barrera natural de la piel y facilita la aparición de otitis externa, una infección frecuente en esta época que provoca picor, sensación de oído taponado y dolor progresivo.

Aunque se conoce de forma popular como “oído del nadador”, no afecta solo a quienes practican natación. También aparece tras baños repetidos, duchas frecuentes o manipulación del oído con bastoncillos, dedos u otros objetos. La combinación de agua retenida y pequeñas lesiones en la piel del canal auditivo favorece que una molestia leve evolucione hacia dolor intenso.

“Una de las claves en la otitis externa es diferenciarla de otros problemas del oído, como la otitis media, porque el abordaje no es el mismo. La exploración permite ver el estado del conducto, comprobar si existe inflamación y valorar qué tratamiento es adecuado. Por eso no conviene utilizar gotas por iniciativa propia, especialmente si hay antecedentes de perforación timpánica o cirugía de oído”, explica Josep Maeso, otorrinolaringólogo del Hospital Sanitas CIMA.

En este contexto, algunas rutinas que parecen inocuas favorecen el problema. Muchas personas intentan retirar el agua o la sensación de taponamiento introduciendo bastoncillos en el oído, pero ese gesto altera una protección natural importante. El cerumen ayuda a mantener el equilibrio del conducto auditivo, retiene partículas y protege la piel frente a agentes externos. Cuando se elimina de forma agresiva, el oído queda más expuesto y, además, se generan irritaciones o pequeñas lesiones que favorecen la inflamación.

La evolución también varía según la edad y el estado de salud previo. En niños, la otitis externa suele detectarse porque evitan que se les toque la oreja, se muestran más irritables o se quejan al apoyar la cabeza. En adultos, conviene consultar cuando el dolor interfiere con el descanso, aparece secreción o se percibe pérdida de audición. Además, la valoración médica debe ser especialmente prudente en personas con diabetes, inmunosupresión, antecedentes de cirugía de oído o perforación timpánica, ya que en estos casos el tratamiento requiere mayor control.

Ante esta situación, los especialistas de Sanitas recomiendan una serie de medidas para reducir el riesgo durante el verano:

Secar el oído con suavidad tras el baño. Basta con utilizar una toalla en la parte externa e inclinar la cabeza hacia ambos lados para facilitar la salida del agua. No se debe introducir la toalla ni otros objetos en el canal auditivo.

Evitar los bastoncillos. Aunque se usen con intención de limpiar o secar, irritan la piel, retiran cerumen protector y aumentan el riesgo de infección.

Limitar los baños muy prolongados si existe predisposición. En personas con tendencia a sufrir episodios de otitis externa, no siempre basta con secar bien el oído tras el baño. En estos casos, conviene valorar con un profesional si resulta adecuado utilizar protección específica para el agua, como tapones adaptados o gorro de baño, y cómo hacerlo sin provocar roce, presión o irritación.

Utilizar gotas solo con indicación profesional. No todas las molestias de oído se tratan igual y algunas soluciones resultan inadecuadas si existe perforación del tímpano, drenajes, cirugía previa o dolor intenso. La valoración sanitaria permite elegir el tratamiento correcto y evitar irritaciones añadidas.

“Lo importante es no banalizar el dolor de oído en verano. A veces se interpreta como una molestia pasajera por el agua, pero cuando el conducto auditivo se inflama llega a afectar al descanso, a la alimentación y a la actividad diaria. Una valoración temprana permite aliviar antes el dolor y evitar que el episodio condicione varios días de vacaciones”, concluye Maeso.